¿CÓMO RECLAMAR UNA TARJETA REVOLVING?

Es posible que alguna vez hayas escuchado el término “tarjeta Revolving”. Un concepto que lleva años entre nosotros pero que se ha popularizado en los últimos tiempos debido a la cantidad de demandas que están recibiendo los bancos por ellas.  A diferencia de una tarjeta de débito, en la que el importe de lo comprado desaparece al momento de la compra, y de las de crédito tradicionales, en la que se paga por lo comprado a final de mes, la “revolving” es un tipo de tarjeta por las que los clientes materializan un crédito al consumo y su característica principal es que se puede aplazar durante meses el pago de las compras que se hagan con ella, pagando unos intereses. Es decir, la gran diferencia es la forma en la que se devuelve el dinero a la entidad bancaria.

A la hora de devolver el crédito concedido en una tarjeta revolving, el usuario tiene dos opciones:

  • Pagar un porcentaje: Abonar cada mes un % del saldo pendiente.
  • Pago fijo: Abonando una cuota fija cada mes, dentro de unos mínimos y máximos.

En ambos casos, además del pago, se tendrá que hacer frente a una serie de intereses y comisiones.

¿Por qué se llaman tarjetas Revolving?

Porque la parte de crédito que el consumidor reembolsa al banco cada mes al pagar su cuota mensual vuelve a estar disponible para ser utilizado de nuevo. Es una rueda que nunca para ya que cada vez que se usan, se contrae una nueva deuda, con sus respectivos intereses, pues el dinero que se usa no es del titular, sino del banco.

Estas tarjetas llevan tiempo siendo perseguidas, sobre todo por las Asociaciones de Consumidores, por los peligros del sobreendeudamiento que conllevan. La peligrosidad de estos instrumentos se basa en cuatro factores:

  • La forma de pago, ya que el pago aplazado es lo que genera intereses. Cuanta menor sea la cuota mensual, mayor serán y durante más tiempo se generarán intereses.
  • Los exorbitados intereses, que en general en este tipo de tarjetas suelen sobrepasar el 20% TAE, llegando incluso al 30% en algún caso.
  • La falta de transparencia, pues se ha demostrado e incluso argumentado por el Tribunal Supremo que los bancos no son todo lo claro que deberían.
  • La facilidad de adquisición de estos instrumentos, pues son contratos masivos elaborados para una multitud de público, que no se negocian de forma personal y que incluso se pueden adquirir en gasolineras.

Como se ha dicho antes, este tipo de tarjetas llevan años comercializándose, generando en los bancos muchos ingresos, y haciendo que multitud de usuarios se hayan endeudado hasta el cuello, ya que, en los meses que no se puede pagar la cuota, además de los intereses también genera comisiones.

Pero desde 2015, con la Sentencia del Tribunal Supremo 628/2015, de 25 de noviembre, que ya declaró usureras las tarjetas revolving y sobre todo, con la reciente Sentencia del Tribunal Supremo 149/2020, de 4 de marzo, que ha confirmado aquella STS y puesto en jaque a las entidades financieras, los titulares de estas tarjetas han salido reforzados a la hora de reclamar, consiguiéndose tasas de éxito muy elevadas en la vía judicial.

¿CÓMO RECLAMAR SI TENGO UNA TARJETA REVOLVING?

Lo primero sería ver la viabilidad de la pretensión. No todas las tarjetas tienen los mismos intereses y aunque el Tribunal Supremo no aclara a partir de qué porcentaje se considera el tipo de interés usurero, sí que deja claro que es aquel “notablemente superior al normal del dinero”, que queda reflejado en las tablas de estadísticas del Banco de España. Por supuesto que no habría ni que planteárselo si tienes una tarjeta con un interés superior al 24%. Con intereses menores también se haría aconsejable reclamar, siempre que el TAE sea superior al 20%. Más aún cuando los propios bancos han bajado automáticamente después de la Sentencia del Supremo el interés a menos de ese 24% (el interés medio de esas tarjetas ha pasado del 25,2% al 22,86%).

Dicho esto, en otras ocasiones seguro que hubiese sido buena idea llegar a un acuerdo con la otra parte y evitar la vía judicial, pero mucho cuidado esta vez. En este tema, el banco, sabiendo que está contra las cuerdas, está llevando a cabo prácticas poco éticas y en ocasiones, una nueva estrategia de engaño y confusión con los clientes de sus tarjetas revolving. Por lo visto, están ofreciendo diferentes propuestas, aparentemente “beneficiosas”, con el pretexto de que así se evitan los procesos judiciales, y ya de paso el cliente renuncia a cualquier reclamación o demanda contra ellos. Por eso hay que tener mucho cuidado, porque es probable que el banco ofrezca al consumidor un trato menos ventajoso del que legalmente le corresponde. Además, llegar a un acuerdo extrajudicial con una entidad bancaria que solo mira por sus intereses requiere precisión y conocimientos casi de economista, con lo peligroso que puede llegar a ser para el cliente esa tesitura. Es posible incluso que el propio banco se intente poner en contacto con el cliente, por lo que habrá que prestar atención y rechazar cualquier acuerdo si no estamos convencidos al 100% de que será mejor que lo que podamos sacar a través de los Juzgados.

En ese sentido, y viendo la ingente cantidad de sentencias favorables a clientes de tarjetas revolving, lo más aconsejable en este caso puede ser directamente demandar al banco.

Las principales vías para demandar y recuperar el dinero serían:

Para empezar, los elevados intereses que se aplican con las tarjetas. Esta ha sido la principal vía de reclamación desde la STS 628/2015, de 25 de noviembre, que declara que las tarjetas pueden ser usurarias, con fundamento en la vieja Ley de Azcárate. Los titulares de estas tarjetas salen más reforzados aún con la última STS 149/2020, de 4 de marzo.

En otras ocasiones se puede alegar falta de transparencia, e invocar así la nulidad de la cláusula de intereses si la tarjeta se ha comercializado sin ofrecer la información debida. La jurisprudencia exige un doble control de incorporación (arts. 5 y 6 de la Ley de Condiciones Generales de Contratación) y de transparencia (arts. 3.1 y 4.2 de la Directiva 93/13/CEE) cuando se celebran ciertos contratos con consumidores y usuarios. En esa dirección las Sentencias 35 /2020, de 27 de febrero, y 110/2020, de 20 de julio, del Juzgado de Primera Instancia de Madrid.

Son contratos masivos elaborados por el banco para una infinidad de público, es decir, que no se negocian de forma personal con cada cliente, sino que se incorporan determinadas cláusulas predispuestas cuya incorporación al contrato es impuesta por una de las partes. Por lo tanto, son contratos de adhesión con condiciones ambiguas, ilegibles y perjudiciales en las que el cliente pierde toda capacidad de negociación.

Existe una jurisprudencia muy sólida a favor del consumidor que hace que reclamar judicialmente este tipo de tarjetas revolving tenga una tasa de éxito muy alta. Se han visto supuestos en los que últimamente, sabiendo que no tiene nada que ganar, es el propio banco el que directamente se allana en el proceso.

Para interponer la demanda, haría falta el contrato de la tarjeta y el cuadro de amortizaciones, para calcular qué cantidad lleva pagada o qué importa resta por pagar. Además, se puede acompañar la petición con diferentes sentencias que den la razón a un cliente con un interés parecido al que tengamos nosotros estipulado en el contrato. Lo ideal y el objetivo de la demanda será conseguir la nulidad del contrato de la tarjeta, la devolución del crédito y de los intereses pagados, además de las costas para la entidad bancaria.

¿TIENES LA DOCUMENTACIÓN?

Para fundamentar la demanda necesitaremos documentación como el contrato, extractos, cuadro de amortizaciones, … todo lo que podamos aportar para dejar claro que somos víctimas de intereses usureros por parte del banco o que se adquirió la tarjeta sin la transparencia debida. Pero… ¿Dónde esta mi contrato?

Es muy habitual que no dispongamos del contrato. Son documentos que se firmaron hace muchos años y ¡a saber dónde está! Puede que lo hayamos perdido, que lo tiráramos un día de limpieza o incluso que no nos lo dieran en su día. ¿Cómo íbamos a saber que un día nos haría tanta falta? Y está claro que no podemos fundamentar una demanda sin ese documento tan importante.

Por ello, habrá que enfrentarse al banco y pedírselo, y confiar en que nos lo den de buenas a primeras, algo extraño, pues saben que esa documentación será la base para reclamarles sobre las tarjetas revolving.

Para saber si podemos conseguir lo que queremos, lo primero es saber la obligación que tienen las entidades bancarias de conservar la documentación. Esta obligación viene recogida en el Real Decreto 304/2014, de 5 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley 10/2010, de 28 de abril, de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo. En sus arts. 28-30, expresa que los sujetos obligados, entre los que se encuentran las entidades bancarias, conservarán toda documentación “durante un periodo de diez años desde la terminación de la relación de negocio o la ejecución de la operación ocasional”. Así que, si estamos en tiempo, en principio, esa documentación debería de estar en manos de nuestro banco.

Lo segundo será conseguir ese contrato y ver si el propio banco está obligado o no a facilitarnos esa documentación en caso de que sea solicitada. El ordenamiento jurídico regula las obligaciones de las entidades financieras en sus relaciones contractuales con usuarios y consumidores, incluyendo la entrega de documentación contractual. El Texto Refundido de la Ley del Mercado de Valores, si bien no estipula expresamente la obligación de entregar documentación contractual al usuario, esto se infiere de sus preceptos relativos al registro de contratos, enfatizando en su actuación diligente, transparente y leal, así como en su deber general de información sobre la naturaleza, objeto, coste y riesgos de la operación. También el Texto Refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, aprobado por Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, incluye obligaciones de información relativas al contrato. Es muy aclaratoria la Orden EHA/2899/2011, de 28 de octubre, de transparencia y protección del cliente de servicios bancarios (última actualización publicada el 27/07/2020) y que expresa en su art.7.1 que “Las entidades de crédito deberán entregar al cliente el correspondiente ejemplar del documento contractual en que se formalice el servicio recibido.” y en su art. 7.2 que “Las entidades de crédito deberán conservar el documento contractual y poner a disposición del cliente copia del mismo siempre que éste lo solicite.” En ese sentido, la Circular 5/2012, de 27 de junio, del Banco de España, que desarrolla la Orden anterior, extiende a todos los servicios bancarios la obligación de las entidades de crédito de entregar al cliente, de forma gratuita, el ejemplar del documento contractual en que se formalicen dichos servicios.

Además, en la Ley 16/2011, de 24 de junio, de contratos de crédito al consumo, en su art. 16.3, se dice que, en los casos de amortización del capital de un contrato de crédito de duración fija, “el prestamista deberá poner gratuitamente a disposición del consumidor un extracto de cuenta en forma de cuadro de amortización en cualquier momento a lo largo de toda la duración del contrato de crédito”.

Por lo tanto, vemos que es de obligado cumplimiento para las entidades bancarias tanto el conservar, como el entregar la documentación relativa al contrato que se les solicite. El problema viene cuando son los propios bancos los que saben de antemano que seguramente la documentación que puedan entregar sea la base para la interposición de una demanda, y se hacen “los suecos”, evitando enviar la documentación y dando largas, haciendo que sea frustrante para el cliente perjudicado conseguir dicha documentación.

¿QUÉ HACER EN ESTOS CASOS?

Si de primeras no conseguimos que nos envíen nada, deberíamos insistir en el Servicio de Atención al Cliente del propio banco, siendo buena idea hacer un escrito y enviarlo por correo certificado, con acuse de recibo o burofax. Este es un requisito vital para posibles reclamaciones por otras vías más adelante.  También podemos presentar alguna hoja de reclamación en la propia entidad o en las Oficinas Municipales de Información al Consumidor.

Si tras intentarlo por ese medio, siguen sin facilitarnos la documentación, existe un Servicio de Reclamaciones en el Banco de España, cuyo domicilio se encuentra en la calle Alcalá, 48, 28014 Madrid, ante el cual los clientes pueden plantear cuantas quejas o reclamaciones tengan. Como requisito previo a la reclamación a la entidad anteriormente citada debe dirigirse a la Oficina de Atención al Cliente del Banco, que tiene la obligación de atender y resolver su reclamación en el plazo de 2 meses desde su recepción. Es por eso lo mencionado arriba sobre el requisito previo de reclamar primero en el Servicio de Atención al Cliente del banco de la tarjeta revolving, ya que sin hacer eso no podremos reclamar ante el Banco de España, pues nos solicitarán la copia de la reclamación ante la entidad.

Si aun así seguimos sin la documentación, se puede acudir a un trámite previsto en la Ley de Enjuiciamiento Civil, en sus arts. 256-263, llamado Diligencias Preliminares. Es un trámite que se realiza a través del Juzgado, para que sea el propio Juzgado quien requiera a nuestro banco para que aporte la documentación solicitada, fijando una fecha para la exhibición y entrega de la documentación.

De esta forma, y ya con toda la documentación en nuestras manos, ahora sí podremos acudir al Juzgado e interponer la demanda para hacer valer nuestras pretensiones.

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